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Varg Vikernes sigue enredado con la justicia europea

Sergio Agudo

Para aquellos que no son habituales o que no gustan de los sonidos más duros, este nombre no les dirá mucho. En cambio, para los que ya llevan una buena temporada dentro del mundo metalero, el nombre de Kristian “Varg” Vikernes es sinónimo de unas cuantas cosas: Él solito ha compuesto y grabado (tocando todos los instrumentos) la discografía entera de Burzum, tocó el bajo en el disco De Mysteriis Dom Sathanas de Mayhem, fue uno de los principales impulsores de la escena black metal noruega que tanto dio que hablar a principios de los ’90, se ha cargado a golpe de lata de gasolina y cóctel molotov parte del patrimonio monumental religioso de Noruega y además es un asesino convicto.

Eso de convicto habría que matizarlo, ya que en realidad lleva en la calle desde 2009. En lo que va de su salida de prisión al día de hoy, al bueno de Varg le dio tiempo de casarse y de mudarse a Francia huyendo de su ficha criminal en Noruega. Con lo que Vikernes no contaba es que la justicia francesa iba a estar vigilándolo muy de cerca. Esto se hizo patente cuando en julio de 2011 el tristemente famoso Anders Breivik atentó contra un grupo de jóvenes en Noruega, cobrándose las vidas de setenta y siete personas. Breivik envió un manifiesto de 1500 páginas a unas 500 personas, una de las cuales era Varg Vikernes. Las autoridades galas en seguida relacionaron a Breivik y Vikernes por su ideología política (extrema derecha) y el resto, como se suele decir, es historia.

Se registró la casa familiar de Varg en busca de explosivos y se encontraron con cuatro rifles, los cuales pertenecen a su esposa Marie, quien es miembro de un club de tiro y tiene licencia para comprar armas de fuego. Al mismo tiempo, se procedió a acusar a Varg Vikernes de incitación al odio racial y de conspirar para cometer un atentado en suelo francés. La pareja entró en prisión preventiva el mismo día que se detuvo a Breivik y fue liberada una semana después. Desde entonces están esperando juicio, que se ha postergado a petición del abogado defensor de ambos.

Si no os importa, voy a aportar mis dos céntimos de opinión. Lo “gracioso” del asunto llega ahora: Vikernes ha pedido a través de su blog oficial a los fans que donen dinero para presentar una demanda a las autoridades francesas por presunta brutalidad policial y por actuar de forma ilícita. Entre las muchas locuras y los sinsentidos que dice Vikernes en su blog, es especialmente buena la que acompaña a su manifiesto defendiendo su inocencia y la de su mujer, alegando que si no se pone en su sitio a la policía francesa “la próxima vez podría ser el turno de alguien que conoces, alguien de tu familia, algún amigo tuyo o incluso tu turno”. Presenta su caso envuelto en un bonito papel de defensor de los derechos y libertades del hombre de la calle y lo lanza a la opinión pública para que lo digiera desde su particular retiro ermitaño de la red. Seguid vosotros, que a mí la demagogia barata me da risa.

Sea como fuere y aunque este hombre esté como un cencerro, una especie de curiosidad morbosa hace que me sienta impelido a ver cómo se desarrollan todos estos acontecimientos. Lo realmente triste del asunto es que Vikernes era y sigue siendo un compositor decente con ideas bastante revolucionarias e innovadoras y que, ya sea porque le faltan varios tornillos o por su ficha criminal, todo el aspecto musical ya no tiene prácticamente ninguna importancia. Es como comprarse el Diez Minutos para leer la última tontería de Belén Esteban. Patético.

Tenéis algo de Burzum para vuestros oídos justo aquí debajo.