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Placeres culpables: Whitesnake – 1987

Sergio Agudo

Ya van varias veces que nos adentramos en el escabroso mundo de los placeres culpables de los editores. Por aquí ya ha pasado gente de la talla de Carcass, Scorpions o Metallica, y seguramente la lista irá creciendo con los meses.

Hoy toca hablar de una banda que, a pesar de su estatus de mítica, se ha encontrado con una gran oposición en un punto determinado de su carrera. Estamos hablando de Whitesnake, que después de la edición de Slide it In en 1984 saltaron de un sonido más blues / rock a otro que tenía más que ver con el glam estadounidense de los ’80.

No fue el sonido lo único que cambió. En 1984 Whitesnake pasó de ser cosa de seis miembros a un asunto de cuatro, quedando el grupo en Cozy Powell en la batería, Neil Murray en el bajo, John Sykes en la guitarra y David Coverdale en la voz. En la grabación del album que le siguió se repitió el personal a excepción del batería, que pasó a ser Ansley Dunbar, pero la formación que luego se encargó de presentarlo en directo cambió por completo a excepción de Coverdale.

El grupo que se dedicó a girar con este 1987 bajo el brazo fue Coverdale en las voces, Adrian Vandenberg en la guitarra, Vivian Campbell en la otra guitarra, Rudy Sarzo al bajo y Tommy Aldridge en la batería, y la imagen de los componentes de Whitesnake dejó de ser el estilo británico más sobrio que les valió el favor de los europeos: Se convirtieron en otra hair band más, y eso sumado a las enormes diferencias entre Slide it In y 1987 les ganó muchos detractores.

Coverdale también varió su aproximación vocal. Si en álbumes anteriores tenemos a un vocalista altamente influido por Paul Rodgers y el trabajo de este en Free y Bad Company, Coverdale intentó parecerse más a lo que Robert Plant hacía en Led Zeppelin, pero no es el único rastro del seminal grupo británico en el sonido del álbum. Algunos temas son totalmente zeppelineros, como por ejemplo Still of the Night:

Sin embargo, no todo estaba perdido. Los antiguos Whitesnake seguían estando por ahí en alguna parte, y esto se podía apreciar en canciones como Gimme All Your Love, a la que si le rebajásemos la distorsión a las guitarras y pusiéramos un órgano Hammond en lugar de un sintetizador sería un clásico de su etapa anterior:

Además, para la ocasión se regrabaron dos temas del álbum Saints An’ Sinners, Crying in the Rain y Here I Go Again, que en su nueva versión pasó a convertirse en uno de los temas más emblemáticos de Whitesnake:

También se incluyó en este álbum una de las baladas más sobadas de la historia del rock como es Is This Love, otro gran éxito para el grupo que, junto con la colección de canciones de 1987, les abrió las puertas de Estados Unidos, donde en cuestión de meses se hicieron enormes y llenaban estadios.

Y hasta aquí la parte que cuenta los porqués objetivos. Ahora vamos con los míos. En primer lugar, ¿por qué tanto odio? A 1987 y Slip of the Tongue se los llama despectivamente “los dos discos de Americansnake“, y si bien el sonido está totalmente orientado al mercado estadounidense hay algo que debe quedar claro: Son dos discos muy, muy buenos.

De acuerdo, habían traicionado sus raíces, se habían vendido, los argumentos que cada uno prefiera, pero esto es como cuando se habla del Come Taste the Band de Deep Purple: Son dos discos con buenas canciones y eso es incontestable. 1987 especialmente es un gran disco que disfruto muchísimo cada vez que lo escucho.

Se trata de una colección de canciones muy refrescante que venía a poner algo de clase y de orden en una escena decadente como la del glam estadounidense. Y además están compuestas con un acierto brutal. Aparte de los singles que citamos antes podríamos destacar también temas como Children of the Night o You’re Gonna Break My Heart Again, que me parecen de lo mejor del disco.

Les abriera las puertas de Estados Unidos o no, 1987 es un álbum que se merece menos críticas y más aplausos, y es que la jugada que ejecutaron Whitesnake fue de una inteligencia bastante alta. No llegaron a perder del todo el contacto con quiénes eran o de dónde venían –al fin y al cabo el principal compositor es David Coverdale–, y esa es para mí una de las claves del álbum.