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Rescatando discos: Uriah Heep – Demons and Wizards

Sergio Agudo

Uriah Heep siempre ha sido uno de esos grupos que han pasado más desapercibidos al ojo de la crítica y del público más allá de unos cuantos nostálgicos, y de un resurgimiento de la fama de la banda en los países del Este –y de actos marginales como el grupo Caravan, originario de Ferrol (A Coruña), del que un día os tengo que hablar–. Sin embargo y ahí donde los ves, han sido un grupo clave a la hora de que existan algunos grupos grandes de rock y de metal –especialmente de este último género–, siendo citados en muchas ocasiones por grupos como Blind Guardian y Gamma Ray como una gran influencia.

Y al retortero de eso último, si adivinas de dónde sacó su nombre el proyecto de Jon Schaffer de Iced Earth y Hansi Kürsch de Blind Guardian tienes un premio.

Por alguna razón que no alcanzo a comprender, siempre se pensó en ellos como en unos Deep Purple de segunda división –quizá por alguna similitud en la voz de David Byron con Ian Gillan o quizá por comparaciones entre los teclados de Jon Lord y Ken Hensley, cosa que tampoco entiendo- cuando musicalmente tienen poco o nada que ver.

Antes de entrar a valorar por qué Demons and Wizards merece estar en esta sección, vamos a hacer un poco de historia, que nunca viene mal. Uriah Heep se formaron a finales de los años ’60 como Spice, y cambiaron su nombre entrado ya 1970 al actual. Con respecto a la denominación, al parecer la sacaron de la novela David Copperfield escrita por Charles Dickens, ya que el usurero que aparece en la obra llevaba ese mismo nombre.

En un principio el núcleo del grupo estuvo compuesto por el guitarrista Mick Box y el vocalista David Byron, a los que después del cambio de apelativo se uniría el teclista Ken Hensley. Durante esta época también pasó a formar parte del grupo el bajista Paul Newton y el batería Alex Napier. Esta formación grabaría el primer disco del grupo, Very ‘eavy… Very ‘umble…, y en el segundo álbum de la banda, Salisbury, Alex Napier sería sustituido por Keith Baker. El tercer álbum de Uriah Heep, Look At Yourself, vería cómo Keith Baker era reemplazado tras los parches por Ian Clark.

Estos tres discos contenían clásicos de la historia del grupo como Gypsy, Bird of Prey, Lady in Black o Look At Yourself, pero a pesar de esto distaban mucho de la magia –nunca mejor dicho– del disco del que hablamos hoy. Aún con todo, estos tres primeros discos de los Heep son de obligada escucha para cualquiera que se tenga a sí mismo por un fan del rock.

Demons And Wizards supone el cuarto álbum de estudio de Uriah Heep, y cuenta con la que a día de hoy sigue siendo considerada su mejor formación: David Byron a las voces, Mick Box a las guitarras, Ken Hensley a los teclados, Gary Thain al bajo y Lee Kerslake a la batería, que se convertiría en uno de los miembros que más años ha estado en el grupo después de Mick Box.

Con este line up cuajaron el que para mí es uno de los álbumes capitales del grupo, quizá sólo secundado en cuanto a calidad por Firefly, el primer álbum de John Lawton con ellos –aunque de Firefly hablaremos otro día–. De momento y como primer plato, nos ofrecen The Wizard, un opener muy atípico de los discos de rock al tratarse de una canción casi acústica, pero que es una de las mejores de su producción.

La cosa de los temas “mágicos” no se acaba con The Wizard. Este álbum incluye Easy Livin’, una de las canciones más famosas de Uriah Heep –y que está entre mis favoritas personales–, pero a esta le acompañan otras joyas como Circle of Hands o Traveler in Time, a las que podemos sumar los aires orientales de Rainbow Demon. En general, todas las canciones tienen un nivel muy alto y todas valen la pena de una forma u otra.

En definitiva se trata de un disco que todo el mundo debería escuchar una vez antes de morir, uno de esos pocos imprescindibles que siempre vale la pena tener guardado como oro en paño. Junto con Firefly, insisto, lo mejor de la producción de Uriah Heep. Un clásico de 10.