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Las cuatro estaciones de Sum 41 y la parada de Stevo 32 ante la oportunidad de un nuevo resurgir

Luis F. Rodríguez

¿Os imagináis una playa sin arena donde poder tomar el sol en verano? ¿Podéis crearos la idea de pasear en otoño sin hojas en el suelo? ¿Acaso llegáis a comprender un día invernal sin arco iris tras la tormenta? ¿Y una primavera sin flores?

Son situaciones como las descritas las que alterarían nuestro día a día tal cual lo conocemos, son situaciones que nos llevarían a pensar en ese: “Falta algo, un algo muy importante”, pero que está ahí, sin tenerlo demasiado en cuenta en nuestro ir y venir de correcalles rutinario dando por hechas sus apariciones, pero que en su ausencia nos conlleva aportarle un valor del que no habíamos reparado antes, pero quizá ya es demasiado tarde para disfrutarlo. Pues bien amigo melómano, la reciente marcha del batería Steve de Sum 41 no hace más que ahondar en la duda sobre la importancia que adquiere un batería en una banda.

No nos engañemos, la figura del batería siempre ha sido marginada dentro de una banda de rock donde brillan los gritos del cantante, los riffs del guitarrista y la habilidad del bajista. Pero el batería está ahí, en un segundo plano donde valga la redundancia, pasa sin hacer mucho ruido. El mundo del rock sin percusión no se puede imaginar, ¿qué sería del futbolista sin balón? ¿qué sería del dibujante sin lápiz? Os animo a abrazar la filosofía del batería en su soledad, ese componente que aporta la chispa que da forma a las melodías más bellas.

Recordad: La arena de la playa en Verano, las hojas caídas de Otoño, la tormenta de Invierno y las flores de Primavera. Cuatro estaciones, cada una con sus características pero todas absolutamente igual de importantes y necesarias para mantener el orden natural. Demos las gracias a esos líderes que desde atrás nos evaden a disfrutar cual titiriteros de la música.