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El porqué del nombre de las bandas (Parte I)

Natalia Formigo

Comenzar un grupo no es tarea sencilla. Todo son elecciones, decisiones que condicionarán tu carrera futura. Unos buenos componentes, un buen estilo, una buena imagen son vitales. Sin embargo existe un tema, un peliagudo tema que casi siempre se deja para el final. ¿Y ahora, cómo nos llamamos? Las opciones son múltiples, pero las prisas o la desesperación puede jugarnos malas pasadas y es así como aparecen grupos tan peculiares como Puturrú de Fua (verídico).

Un buen nombre requiere tiempo de meditación: que sea sonoro, que quede bien en las camisetas, que sea representativo y original. Sin embargo, la mayoría de los nombres de grandes bandas no supusieron dolores de cabeza ni tienen detrás historias románticas y épicas: la mayor parte son fruto de la más pura y absoluta casualidad. Hagamos pues un viaje por la historia de la música a través de los curiosos orígenes de los nombres de las bandas.

Uno de los ejemplos más populares es el origen del nombre The Beatles. La mítica banda de Liverpool bautizaría su grupo tras hacer un sencillo juego de palabras: juntaron la palabra inglesa beat (ritmo o golpe) con beetle (escarabajo). Uno de estos escarabajos marchosos sería Paul McCartney que de forma indirecta serviría de inspiración para otra banda, Los Ramones. ¿Y qué relación guardan dos grupos tan lejanos en el tiempo, espacio y estilo? Al parecer Paul Ramon era el nombre con el que se registraba el beatle en los hoteles durante las giras, y los neoyorkinos, fanáticos de McCartney no dudaron en tomarlo prestado.

Porque todas las bandas tienen sus ídolos y muchas de ellas, gigantes de la música a día de hoy, no dudaron en rendirle homenaje en sus propios hombres. Tal es el caso de Pink Floyd, cuyo nombre no es más que la unión de dos grandes bluseros: Pink Anderson y Floyd Council. Otro ejemplo es el del archiconocido Reginald Kenneth Dwight. ¿Archiconocido? Sí, porque detrás de ese casi impronunciable nombre se encuentra Sir Elton John, cuyo alias no deja de ser la conjunción del cantante John Baldry y el saxofonista Elton Dean. Los Rolling Stones es otro caso curioso: su nombre procede de una antigua canción de Muddy Waters llamada Rolling Stones Blues.

Otros grupos optaron por no romperser demasiado la cabeza y tiraron de juegos de palabras. Éste es el caso de ABBA, acrónimo formado al fusionar los nombres de los cuatro suecos (Anni-Frid, Agnetha, Björn y Benny), al igual que hicieron los chico de N’SYNC, que bautizarían su banda tomando la última letra de sus nombres de pila (Justin, Chris, Joey, Lanston y JC). Porque la fonética es importante, sino que se lo digan a Eminen, que nace de la pronunciación de Marshall Mathers (M&M).

Pero no perdamos la esperanza, todavía queda espacio para el lírica. Para poéticos, The Doors, que tomarían su nombre de un poema de William Blake, “si las puertas de la percepción se limpiaran, todo aparecería ante el hombre como es: infinito”. Otros que también recurrieron a la literatura con buen resultado fueron Vetusta Morla, nombre de la vieja tortuga que habitaba en el Pantano de la Tristeza en La Historia Interminable, de Michael Ende.

Esto es sólo una pequeña muestra de la bastísima información que existe sobre todas las bandas habidas o por haber. Si te ha sabido a poco, no te preocupes, la próxima semana tendremos una nueva edición de esta curiosa enciclopedia de historia musical. Mientras tanto, ¿conoces algún caso curioso?¡Anímate a dejarnos un comentario!